jueves, 5 de mayo de 2011

REFLEXION......"SOBRE LA CONVERSION DE PABLO"

Conversión de San Pablo- (pequeño resumen)

Antes de convertirse, Saulo pasó años estudiando las escrituras hebreas. Al enterarse de que había judíos que anunciaban que Jesús era el Mesías, se indignó. Este mensaje contradecía todo lo que había aprendido desde pequeño; de modo que se propuso destruir personalmente el nuevo movimiento de los cristianos. Saulo causó grandes aflicciones a los judíos que se habían convertido a Cristo, porque los arrestaba e incluso trataba de darles muerte. Pero Dios tenía un plan diferente para este apasionado fariseo.

Mientras Saulo, más tarde llamado Pablo, se dirigía a Damasco para arrestar a algunos de los discípulos, ¡el mismo Cristo resucitado se le apareció en medio de una luz resplandeciente! Saulo quedó ciego, evidencia de la ceguera de su corazón. Aunque se había dedicado por completo a cumplir la ley, era incapaz de reconocer a Jesús, el Mesías, ¡el cumplimiento de todas las esperanzas y promesas de la ley!
En los días posteriores, Pablo se pasó en constante oración. Sin duda había un conflicto entre todo lo que había aprendido antes y lo que acababa de experimentar. Dios, que conocía bien la lucha interior de Pablo, le envió a Ananías para ayudarle a acercarse a Jesús: “Hermano Saulo —le dijo este cristiano orando por él— recibe de nuevo la vista” (Hechos 22,13). Milagrosamente, se le cayeron las escamas de los ojos y Pablo recuperó la vista. Al mismo tiempo, se le quitó el velo que había sobre su corazón y pudo “ver” a su Salvador. Cuando recibió el Espíritu Santo, Pablo experimentó una libertad tan extraordinaria que comenzó una vida totalmente nueva, una vida que lo transformaría de perseguidor en apóstol y lo llevaría a desear a Cristo por encima de todo.
Como nos sucede a todos, Pablo también tuvo que crecer en su relación con el Señor y dejar que se le quitaran los otros velos que le cubrían el corazón. Con el tiempo, se transformó en un instrumento extraordinario para la obra de Dios, porque proclamaba sin miedo la fidelidad y la providencia del Señor para todas las circunstancias de nuestra vida.
“Padre celestial, te damos gracias por habernos hecho hijos tuyos. Te rogamos que quites todos los velos que tengamos todavía en el corazón y nos impidan conocerte tal como eres. Queremos ser buenos instrumentos del Espíritu Santo y dar testimonio de tu gracia.”

Hechos 22,3-16

"En aquellos días, Pablo dijo al pueblo: "Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crié aquí, en Jerusalén; fui alumno de Gamaliel y aprendí a observar en todo su rigor la ley de nuestros padres y estaba tan lleno de fervor religioso, como lo están ustedes ahora.

Perseguí a muerte a la religión cristiana, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres, como pueden atestiguarlo el sumo sacerdote y todo el consejo de los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco y me dirigí hacia allá en busca de creyentes para traerlos presos a Jerusalén y castigarlos.

Pero en el camino, cerca ya de Damasco, a eso del mediodía, de repente me envolvió una gran luz venida del cielo; caí por tierra y oí una voz que me decía: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?‘ Yo le respondí: ‘Señor, ¿quién eres tú?‘ El me contestó: ‘Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues‘. Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Entonces yo le dije: ‘¿Qué debo hacer, Señor?‘ El Señor me respondió: ‘Levántate y vete a Damasco; allá te dirán todo lo que tienes que hacer‘. Como yo no podía ver, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano hasta Damasco.

Allí, un hombre llamado Ananías, varón piadoso y observante de la ley, muy respetado por todos los judíos que vivían en Damasco, fue a verme, se me acercó y me dijo: ‘Saulo, hermano, recobra la vista‘. Inmediatamente recobré la vista y pude verlo. El me dijo: ‘El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conocieras su voluntad, vieras al Justo y escucharas sus palabras, porque deberás atestiguar ante todos los hombres lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo, reconoce que Jesús es el Señor y queda limpio de tus pecados‘".


REFLEXION

Es común escuchar: Yo no soy malo, no robo, respeto a mis hermanos, voy a misa los domingos, etc. Sin embargo esto no es suficiente, pues hemos sido llamados no a ser buenos, sino a ser SANTOS. Y la santidad está fundada no en nuestras buenas obras, sino en el encuentro transformante con Dios.

Pablo, como él mismo lo ha dicho en su testimonio, era un hombre bueno, observante de la ley, sin embargo hasta que en Damasco se encontró PERSONALEMENTE con el Señor, sólo hasta entonces su vida se transformó RADICALMENTE.

Por eso es necesario que todos y cada uno de nosotros, tenga en su vida un "Damasco", es decir un momento en nuestra vida que sirve como parte aguas, desde donde podemos decir: Antes yo era del mundo, pero ahora pertenezco a Cristo. Es fácil saber si se ha tenido este encuentro, pues de ordinario tiene fecha y se pude decir antes de y después de. Si aún no has tenido este encuentro transformante con Jesús, pídele al Espíritu Santo llegar a tenerlo, pues sólo Él te lo puede conceder. Sólo después de "Damasco" la vida es verdaderamente vida.


ORACION

Señor Jesús que invitas a todo hombre y mujer a seguirte para poder gozar de tu presencia y amor eternamente, haz que veamos con claridad que esa invitación es también un llamado a llevar una vida semejante a la tuya en el servicio a los demás y en la fidelidad a Dios para que así, podamos merecer esa vida que has ganado para nosotros en tu cruz.


PROPOSITO DE HOY

Trabajaré de tal modo que sea consciente que cada acción que realizo me acerca a la vida eterna que Jesús me da.



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